El reto no es callarlos, es no ser como ellos.

Si llegas temprano es por figurar, si llegas tarde es porque no te importa; si hablas mucho estorbas y si callas no aportas. En el mundo profesional, siempre habrá alguien que hable mal de ti, especialmente si asumes retos desde joven. Este artículo es una invitación a dejar de ajustar tu personalidad para intentar callar las voces externas y enfocarte en el único reto que realmente importa: no convertirte en uno de ellos.

Julián Vásquez

12/5/20252 min read

En mi trayectoria profesional, transitando por las exigentes estructuras corporativas, aprendí muchas lecciones técnicas. Sin embargo, la lección más difícil no tuvo nada que ver con balances o auditorías, sino con la naturaleza humana: Hagas lo que hagas, siempre habrá alguien que hable mal de ti.

Esta es una realidad que golpea con especial fuerza cuando asumes roles de responsabilidad a una edad temprana. En mi caso, fui líder muy joven. Y en ese afán por "encajar" o por demostrar que era digno del cargo, caí en la trampa de intentar modular mi personalidad para silenciar las críticas.

Fue un experimento agotador y, sobre todo, inútil.

Las mil caras del juicio

Cuando eres el foco de atención, tus acciones dejan de ser simples hechos para convertirse en interpretaciones ajenas. Durante años, escuché de todo:

  • La puntualidad: Si llegaba temprano, decían que quería "mostrarme" o que era un adicto al trabajo. Si llegaba tarde, decían que no me importaba nada.

  • La comunicación: Hubo épocas en las que hablaba mucho, intentando convencer a todos de mi visión; la crítica era que "no dejaba hablar". Entonces probé ser callado y reservado; el comentario cambió a que "no aportaba nada" o que era un líder ausente.

  • El estilo de mando: Pasé por una etapa de ser extremadamente estricto, buscando la perfección técnica; me etiquetaron de "cuadriculado". Intenté entonces ser muy suave y cercano; y no tardaron en decir que me faltaba carácter.

  • La actitud: Si intentaba ser profesional, era "demasiado serio" y frío. Si intentaba relajarme, era "poco profesional".

La metamorfosis fallida

Intentar agradar a todos es la forma más rápida de perder la identidad. En cada uno de esos cambios, yo no estaba evolucionando; estaba reaccionando. Cada vez que escuchaba un comentario de pasillo, ajustaba una perilla de mi comportamiento pensando que así alcanzaría el "estado ideal" del líder perfecto.

Lo que descubrí después de dos décadas es que ese estado no existe. El juicio de los demás dice mucho más de quien juzga que de quien es juzgado. El tiempo que otros pierden hablando mal de los demás es tiempo que no están usando para construir su propia carrera.

El reto fundamental: La integridad sobre la popularidad

Hoy, desde mi perspectiva en Dilo Pero Bien, entiendo que el liderazgo auténtico nace cuando dejas de intentar callar las voces externas para empezar a escuchar la propia.

El verdadero desafío de un líder no es lograr que nadie hable de él. Eso es imposible en cualquier organización viva. El reto es no ser como ellos. No convertirte en ese profesional que gasta su energía en el juicio ajeno. No permitir que la amargura de otros dicte tu agenda o tu temperamento. Si lo que estás haciendo es lo correcto, si tus valores están alineados con tus acciones y si estás buscando el crecimiento de tu equipo, sigue adelante.

Conclusión: De la zona de confort a la autenticidad

Soportar el juicio es el precio que pagamos por atrevernos a tomar el riesgo de liderar, mas si lo haces con autenticidad. Los que se quedan en la orilla siempre criticarán a los que se atreven a navegar, especialmente si el que navega es joven o intenta hacer las cosas de forma diferente.

Mi consejo tras 22 años de "etiquetas" es este: No cambies tu esencia por una crítica que no construye. Al final del día, tu mejor defensa no es un argumento, sino tu propia coherencia. Que pierdan el tiempo los que hablan; tú sigue construyendo.