Liderazgo: No hace falta ser un gurú para empezar.
¿Crees que para liderar necesitas ser un "guru" con todas las respuestas? La realidad es más simple: liderar es una decisión de honestidad que empieza en casa y termina en la oficina. Descubre por qué el refugio en lo técnico nos aleja de las personas y cómo una sola conversación valiente puede transformar tu forma de guiar, no solo a un equipo, sino a tu propia familia y amigos.
Julián Vásquez
12/9/20252 min read
Existe una idea muy común —y bastante pesada— de que para liderar bien a un equipo primero hay que convertirse en una especie de gurú del liderazgo. Nos imaginamos a alguien que tiene todas las respuestas, que nunca duda y que siempre sabe qué decir.
La realidad es mucho más sencilla y, a la vez, más retadora: Para ser un gran líder solo necesitas querer hacerlo. De verdad. Y con honestidad.
El refugio de lo técnico.
Es muy fácil refugiarse en lo técnico del cargo. Resolver problemas, tachar pendientes de la lista, cumplir con las tareas y "ir al grano". Es una zona segura porque ahí el control lo tenemos nosotros.
Sin embargo, nadie llega a una posición de liderazgo solo por lo que sabe hacer con las manos o con una hoja de cálculo. Estamos ahí para marcar una diferencia en las personas. Cuando ese liderazgo no es honesto y se hace solo por cumplir, se nota. Y cuando el equipo nota que no hay una intención genuina detrás de las palabras, la confianza se rompe de inmediato.
Una decisión que trasciende la oficina.
A veces cometemos el error de pensar que el liderazgo es un "uniforme" que nos ponemos al llegar a la empresa y nos quitamos al salir.
Me tomó tiempo entender que ser un buen líder no es una habilidad técnica, sino una decisión de vida. Hace un tiempo, tomé la determinación de mejorar y no por como me vieran afuera. Lo hice por algo mucho más importante:
Para mí mismo: Para vivir con más coherencia.
Para mi familia: Para estar presente y ser la mejor versión de mí para ellos.
Para mis amigos: Para honrar los vínculos que realmente importan.
Ser un buen líder aplica en todos los aspectos. Si no eres capaz de liderar tus relaciones personales con honestidad, es muy difícil que logres hacerlo con un equipo de trabajo. Liderar es, en el fondo, una forma de honrar que alguien, en algún momento, confió en ti.
¿Y si no sabes por dónde empezar?
No hace falta que corras a leer todos los libros o a ver todos los videos de entrenamiento (aunque ayudan). El paso más valioso es el más simple: una conversación honesta.
No tienes que saberlo todo. Puedes acercarte a tu equipo, a tu pareja o a tus amigos y decir:
“He estado pensando en cómo lidero y en cómo me relaciono con ustedes. Quiero hacerlo mejor. ¿Qué esperan de mí? ¿Qué podríamos construir juntos?”
Las respuestas pueden ser sorprendentes y, a veces, un poco incómodas, pero son exactamente lo que necesitas para dar el primer paso.
La intención sobre la perfección.
El liderazgo real no se trata de ser perfecto, se trata de tener una intención genuina. No busques ser el gurú que el mundo corporativo te vendió. Busca ser la persona honesta que tu equipo y tu familia necesitan.
Esa decisión, tomada desde la humildad, es la que finalmente abre el camino para que las cosas cambien de verdad.
